Francisco Gutiérrez: De una sociedad de enseñantes a una de aprendientes.

Educación como praxis política – La concepción de la Evaluación


mayo 13, 2016 in Uncategorized 

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1.1 Reflexiones Preliminares

Estas reflexiones parten del hecho percibido, sentido y expresado por muchísima gente de que la educación actual es de muy baja calidad.

Se afirma también que sólo con más y mejor enseñanza se podría poner remedio a ese progresivo y permanente deterioro de la educación.

Mi opinión es totalmente contraria. Para lograr una mejor educación lo primero que debería hacerse es reducir los tiempos dedicados a la enseñanza, desacralizar el currículo y suprimir las pruebas y exámenes.

A estos elementos de ruptura como inicio, debe seguir un proceso de construcción progresiva de experiencias de aprendizaje como los nuevos espacios educativos.

Todo esto supone como condición necesaria; la formación de educadores dentro de las coordinadas exigidas por estas nuevas necesidades.

Creo sinceramente que la baja calidad de la educación es consecuencia precisamente de una enseñanza que no enseña, que no educa y que inhibe y entorpece el aprendizaje. Siempre ha sido así, desde hace muchos años que el aparato escolar hizo imposible la enseñanza.

La buena enseñanza no se da, no porque no queramos, sino porque sencillamente no puede darse en y desde el asfixiante laberinto del aparato escolar.

2. Enseñanza Imposible.

Jacques Natanson publicó en 1976 un libro con el título “La enseñanza imposible”

Estoy persuadido de que el autor en el día de hoy, volvería puntualizar, pero con mucha mayor fuerza las causas de la baja calidad de la educación que, desde luego siguen siendo las mismas. En este sentido el libro es claro, contundente y persuasivo.

Transcribo lo que afirma J. Natanson en relación con las siete causas que a mi juicio, siguen totalmente vigentes:

“Todo análisis radical del sistema escolar lleva hoy al enseñante a una elección radical: ejercer la represión o afrontarla. Elección insostenible porque no se puede cambiar la escuela mientras no se cambien la sociedad”.

“El enseñante ya no sabe si es un educador o si debe preparar al niño en vistas a un futuro oficio. Sobre este punto la administración, de la que depende da consignas contradictorias”.

“Preguntarse por el objetivo de la educación no tiene en una época y en una época y en países en donde se descubren con 50 años de retraso las aportaciones de la pedagogía científica”.

Las reformas educativas tienen límites rápidamente alcanzables, pues no logran tocar lo realmente esencial. Dentro del aparato escolar se puede mejorar, renovar, adaptar siempre y cuando se mantenga la estructura tradicional del sistema educativo, que no se cuestiona.

Es la función de la escuela la que mina la conciencia del enseñante que no puede seguir refugiándose detrás de su careta, pues sabe muy bien que es como un ministro que preside un ritual ante un público que no tiene fe.

Por eso el enseñante tienen miedo a la novedad y se defiende de ella mediante la rigidez de los programas y de los métodos.

Ya desde la escuela primaria se habla de democracia, pero el poder en la escuela se ejerce de manera no democrática.

“Hay que añadir que la resistencia es de orden Institucional. El más revolucionario, pedagógico y político de las enseñantes no está preparado para admitir que no se tiene ya necesidad de él. (1) “Todos los intentos por reformar y acondicionar el sistema escolar aspiran a hacerlo funcionar mejor como sistema de no-éxito”.

Nadie duda que esta monstruosa burocratización se ha hecho necesaria por la creciente afluencia de estudiantes y por la necesidad de una organización demasiado racional.

“ Los exámenes dan el ritmo al tiempo escolar. El examinador es al mismo tiempo enseñante, sacerdote y magistrado; decide por sí y ante así quién se salva y quién se condena”. En el día de hoy la práctica nos asegura que es la enseñanza la que más entorpece el aprendizaje. El aparato escolar (en todos sus niveles) está desgastado hasta tal punto que ya no puede generar más y mejor enseñanza y consecuentemente la educación seguirá deteriorándose porque el aprendizaje como aspecto esencial del acto educativo tampoco se da en la escuela.

1. Desde que apareció el libro y mucho más desde que los medios digitales ponen en nuestras manos la información plena y permanentemente actualizada, el ejercicio de la docencia se torna innecesario. El proyecto W….. ya esta en capacidad de poner cualquier conocimiento que nuestra civilización de todo el mundo, en cualquier lugar y en cualquier momento ha acumulado el alcance (www. Wolmalpha.com)

1.3 Educación Imposible

Si entendemos con George Leonard “que la educación es un proceso que cambia al que aprende”, comprendemos por qué el aparato escolar lejos de educar deseduca.

La buena enseñanza dejó de ser una realidad posible. No es posible y no es posible que lo sea, en y con la actual estructura escolar.

Resulta evidente que el sistema educativo no es ni sistema i educativo por lo que no se debería hablar de Ministerio de Educación sino del Ministerio de Administración de la enseñanza (De la mala enseñanza que tenemos).

En la misma década de los 70´s se publica el libro “Educación imposible” de Maud Manmi y su equipo quienes ponen especial énfasis en la coerción de la escuela, que al ser ejercida administrativa y pedagógicamente sobre los estudiantes imposibilita el proceso educativo.

El objetivo de aprender, se esfuma o se desvirtúa como ya lo dijera mucho antes Omar Dengo. Sólo queda el aparataje con el consiguiente desgaste energético y económico. Por todo esto se comprenderá el por qué el aparato escolar no educa porque no puede hacerlo. Conclusión consensuada a la que llegan los estudiosos: (investigadores y autores) desde mediados del siglo pasado. Pensamos por ejemplo en Paul Goodman en su libro “Des-educación Obligatoria” , en la que demuestra cómo el gran sistema escolar ni siquiera guarda relación alguna con la educación; en Sísifo (Los límites de la educación) . Pensamos en S. Bernnfeld quien subraya cómo fuerzas poderosas internas y externas se oponen a que se produzca o pueda producirse, el acto educativo. El mismo Jhon Holt que en “Libertad y algo más plantea el por qué la institución escolar perdió su razón de ser por cara e insuficiente.

Dentro de esta misma tesis el testimonio de muchos autores latinoamericanos también es esclarecedor.

Los singulares aportes latinoamericanos quiero citar solamente a tres educadores con los cuales pude compartir muy cerca y amistosamente estas reflexiones.

En primer lugar, a Lauro de Olivera, a quien me referiré un extenso en la segunda parte de este documento.

En segundo lugar, a Gustavo F. Cirigliano, quién reiteradamente se preguntaba “¿Cómo es posible que una institución como la escuela? Hecha para educar, haga lo opuesto; ¿no enseñe, sino desenseñe, no forme sino deforme, no libere sino ate?”

El carácter sagrado de la escuela hace que sea intocable. Como institución ha generado la imposibilidad del cumplimiento de los fines para los cuales fue creada; la educación puede originar la escuela, pero la escuela no origina educación sino sólo escolaridad, es decir, miedo y rituales de conductas en base a horarios, métodos, fórmulas exámenes, etc. Lo mismo que seguimos cuestionando en el día de hoy del aparato escolar es lo que, en términos más precisos puede afirmase de las universidades.

“La universidad ya no se ocupa del saber, dice Cirigliano, sino de la regulación de los títulos”, y aún en esto ha venido desacreditándose de tal manera que ha tenido que inventar y financiar sistemas de acreditación (nacionales e internacionales) que lo único que testimonian es el carácter mercantil de las universidades tanto públicas como privadas.

El tercer testimonio es el de Darcy Ribeiro autor del libro “La universidad nueva” que ayuda a orientar la creación de muchas universidades en América Latina. En ese sentido recuerdo con singular complacencia mi participación en el equipo fundador de la universidad nacional.


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Ahora no tenemos elección. Pero conservar el contacto humano, directo, entre profesores y alumnos es fundamental -Edgar Morin-